Hay un tema del que se habla poco, pero que aparece más de lo que creemos: los hombres también fingen orgasmos. La cultura popular acepta y hace chistes con los orgasmos fingidos por las mujeres, pero no se comenta nunca el caso de los hombres.

No es un mito. Estudios y testimonios reales confirman que un porcentaje significativo de hombres (alrededor de uno de cada cuatro, y en algunos grupos más) ha fingido al menos una vez. A veces porque no van a llegar, a veces porque están cansados, a veces porque no quieren herir el ego de su pareja, a veces porque el momento se ha alargado demasiado y solo quieren que termine.
Porque una cosa que tampoco se habla lo suficiente es que la eyaculación no implica orgasmo. Un hombre puede correrse y que el placer sea inexistente. O incluso deje una mala sensación, dependiendo de la situación. Y esto es algo que hay mucha gente (mujeres y también hombres) no tienen claro.
Y que quede claro: el problema no es el fingir en sí. El problema es lo que hay detrás, especialmente cuando hablamos de una pareja: la falta de intimidad suficiente como para no tener que ocultarlo.
Cuando en una pareja se llega al punto de fingir (él o ella), suele significar que todavía no hay el nivel de confianza y seguridad emocional necesario para decirlo claramente:
- “Hoy no voy a correr”
- “Me he quedado a medias”
- “Prefiero parar aquí y seguir de otra forma”
- “Me ha gustado mucho, pero no he llegado”
Esa conversación, dicha con naturalidad y sin drama, es una de las señales más claras de que la intimidad sexual de la pareja está en un buen sitio.

¿Por qué es tan importante no tener que fingir?
Porque el orgasmo no es el único objetivo del sexo. Todo el mundo lo repite, pero luego hay que aplicarlo.
Porque el placer no se mide solo en eyaculaciones o contracciones.
Porque cuando alguien siente que “tiene” que llegar (o hacer creer que ha llegado), está priorizando la apariencia sobre la experiencia real.
Y sobre todo: porque si no puedes decir “hoy no” o “hoy de otra manera”, es difícil que podáis explorar juntos, improvisar o simplemente disfrutar sin presión.
Cómo construir esa intimidad que hace innecesario el fingimiento
- Normalizad el “no he llegado”
Empezad a soltarlo en momentos de calma, fuera de la cama. “A veces no corro y no pasa nada”. “Hay días que el cuerpo no colabora”. Cuanto más normal sea, menos peso tendrá cuando ocurra de verdad. - Cambiad el final del guión
No todo tiene que terminar con el orgasmo de uno o de los dos. Practica terminar con un masaje, con caricias, con un 69 lento, con simplemente abrazaros. Cuando el sexo tiene varios finales posibles, la presión baja mucho. - Hablad de lo que sí os gusta, no solo de lo que “falta”
En lugar de centraros en “por qué no has corrido”, preguntad: “¿Qué te ha gustado más de lo que hemos hecho?”. Cambiar el foco ayuda a que ambos se sientan más seguros. - Dad permiso explícito
Decidle a vuestra pareja (y pedidle que os lo diga a vosotros): “Si alguna vez no llegas, prefiero que me lo digas a que finjas”. Ese permiso es oro. - Practicad la honestidad en lo pequeño
Empezad por cosas más ligeras: “Hoy prefiero que me hagas oral sin acabar en penetración”, “Quiero que me toques más despacio”, “Me apetece parar un rato”. Cada vez que se dice algo sincero y se recibe bien, se fortalece la base.
Una propuesta práctica para esta semana
La próxima vez que estéis en la cama, antes de empezar (o en un momento de pausa), decid algo como:
“Hoy no hay obligación de llegar a ningún sitio. Solo queremos disfrutar el uno del otro. Si alguno de los dos no llega, perfecto. Seguimos o paramos, como nos apetezca.”
Y luego, de verdad, cumplidlo. Sin excusas ni vergüenzas. Si no puedes ser así de sincero con tu pareja sexual, ¿con quién lo vas a ser?
Veréis que cuando desaparece la presión de “tener que” (o de hacer creer que se ha cumplido), el sexo suele volverse más libre, más creativo y, paradójicamente, más placentero. La intimidad de verdad no es la que permite fingir sin que se note. Es la que hace que no haga falta fingir.
¿Habéis tenido alguna vez esa conversación en vuestra pareja? ¿O todavía os cuesta soltar el “hoy no he llegado”? Contad si os apetece.
0 comentarios