El petplay es una forma de juego de rol en el que se interpreta a un animal, a menudo con connotaciones eróticas o sexuales. ¿Te ves en el papel?

El petplay es un juego de rol, pero un poco peculiar: se interpreta a un animal. Esto hace que se relacione con prácticas BDSM, ya que hay una clara relación de dominación/sumisión.

Esta claro que lo primero que salta a la vista es la parte estética: el «disfraz» de animal. En realidad no suelen ser disfraces reales, sino complementos que aportan la estética y se prestan al juego. Máscaras, orejas, collares, correas, arneses, gags, plugs anales de cola, bozales… hay una infinidad de complementos para ayudar a meterse en el papel. Por decirlo de alguna forma, son como un uniforme que hace que empiece el juego. Y también es habitual acordar el nombre del personaje animal, que es con el que le tratará el dueño.

Lo siguiente es elegir el animal: se puede ser un gatito, un perro, un caballo… cuestión de imaginación. Y luego probar hasta dónde queremos llevarlo. En algunos casos la interpretación llega a hacerle perder el habla, de forma que sólo pueden maullar, ladrar, gruñir… En estos casos la dominación suele ser más fuerte, y el dueño tiene más control sobre el animal. El animal debe dejarse llevar por el instinto del personaje: el cachorro es juguetón y cariñoso, el gatito es independiente y desconfiado, etc. Y de mientras el dueño tiene que entrenarle y cuidarle.

En cambio en otros casos el personaje es medio animal, medio humano. Algo así como Catwoman en Batman: se mantiene cierta parte instintiva pero todavía se permite hablar.

Una forma de control habitual es un sistema de premios y castigos impuestos por el dueño. La mascota tiene que comportarse según las reglas del dueño, realizando tareas para conseguir premios: un masaje, una masturbación, una sesión de worshipping, regalos… Y si no se completan las tareas se disponen castigos, que por supuesto también tienen que tener componente erótico: una larga sesión de edging, llevarlo con correa por la casa, alguna humillación…

Una vez decidida la mecánica, se trata de probarlo y ver hasta dónde queremos llevarlo. Puede ser algo puntual, un juego que se pone en marcha cuando se pone el disfraz. Y hay quien lo lleva más allá e intentan aplicarlo todo el tiempo posible.

Así que la pregunta es: ¿te ves a ti mismo/a como mascota de tu pareja? ¿o quizás mejor al revés? ¿Os atreveríais a probarlo, aunque sea medio en broma? Si es así es muy sencillo: os pasáis por una tienda de disfraces, os compráis algún par de tonterías que os ayuden a entrar en el personaje, y a probarlo. No os olvidéis de poner límites y palabras clave! Y muy importante: si os gusta, haced el esfuerzo de pensar qué es lo que más os ha gustado, para dirigir el juego hacia allí. Hay quien prefiere la parte de dominación, otros el ser cuidado y acariciado, otros la libertad de dejarse llevar por los instintos… A ver cuál es vuestro caso!


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